miércoles, 4 de abril de 2012

Peleas de perros en Pakistán: una pasión sangrienta

Por: El Espectador

Cientos de personas se reúnen a las afueras de Islamabad a ver estos combates. Una práctica tan tradicional como ilegal en el país.

Hay tres maneras de perder: que el perro muera desangrado por las heridas, que huya de su rival, que su dueño decida para la pelea. Las peleas de perro están prohibidas por las leyes paquistaníes, pero como sucede con los negocios clandestinos hay veces que las policías las ven y en otras, sencillamente no quieren verlas.

Es cuestión de honor familiar para los dueños de los perros, negocio para los apostadores y tortura para los defensores de animales. Cuando cae la tarde en Tangdhe Sayedan, una población rural de la provincia paquistaní de Punjab (a 110 kilómetros de Islamabad), cientos de personas forman un círculo humano para ver a los perros batallando entre sí, cuerpo a cuerpo, fuerza a fuerza, sin más armas que los dientes.

La gente reúne un una explanada y los lugartenientes de las fincas del vecindario salen con sus perros a ganar adeptos. Es una labor del final del día, cuando las labores abren un poco de espacio para el “entretenimiento” (¿o la tortura?). Comienza la pelea y comienzan los gritos. El enviado de la agencia de noticias AFP habla de la buena tarde ‘Moti’, el orgullo de Malik Hussain Tassaduq. Acaba de derrotar a su rival y ahora los amigos de Tassaduq levantan al perro en hombros, celebrando con tambores y flautas.

Las peleas de perros en esta región son sinónimo de bonanza. Si los cultivos van bien hay motivos suficientes para celebrar y celebrar incluye sacar a los perros al campo de batalla. Si la cosecha va mal los perros no tendrán más remedio que esperar a que sus dueños decidan cuándo les pondrán al frente a un nuevo rival.

Es un hobby de poderosos, dice Abdul Ghaffar, organizador de peleas. Parece tener razón: mantener a un perro listo para la pelea, en condiciones físicas óptimas, cuesta cientos de dólares al mes. "Le damos dos litros de leche, un kilo de carne, la mantequilla y un suplemento de una manzana todos los días. Nos cuesta 50.000 rupias cada mes (alrededor de US$ 1.000) asegura Malik Hussain Tassaduq, granjero de 59 años y dueño de ‘Moti’, quien para eso recibe colaboraciones de familiares radicados en Inglaterra. Todos cuidan el honor de la familia.

De tanto en tanto, la Policía realiza operativos para detener a los promotores. Usualmente logran la detención de un puñado de ellos, que son juzgados por maltrato animal con una pena cercana a los seis meses de cárcel. Usualmente, condenados o durante el juicio, los infractores de la ley recobran su libertad bajo fianza. La pelea de perros está tan arraigada, que incluso hay comerciantes que vendes DVD´s con las peleas memorables. En la arena todo se registra, todo se graba.

"Ellos son hombres de negocios ricos, señores feudales, los miembros del parlamento y otros peces gordos de la sociedad. Influyen en la policía a través de su estatura y dinero ... La policía no puede actuar en contra de la voluntad de estas personas ", aseguró a la agencia AFP, Zulfiqar Otón, un veterinario que los voluntarios de la Sociedad de Bienestar Animal de Pakistán. Ese es un debate que no están dispuestos a conceder los fanáticos de las peleas: ante las quejas responderán que Alá creó a los perros para pelear y morder y que aún sin su intervención, los animales se buscarían entre sí para pelearse.

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